Los alumnos de 2º de Bachillerato del IES SON FERRER que lo deseen pueden solicitar las guías de lectura de LA COLMENA y de LUCES DE BOHEMIA a esta dirección electrónica:
lcastellanaiessonferrer@yahoo.es
Especificad en la carta el nombre del alumno y el asunto: GUÍA DE LECTURA
martes, 29 de abril de 2008
domingo, 16 de marzo de 2008











Noctámbulos
http://www.ibiblio.org/wm/paint/auth/hopper/street/hopper.nighthawks.jpg
Habitación de hotel
http://www.ibiblio.org/wm/paint/auth/hopper/interior/hopper.hotel-room.jpg
Gasolinera
http://www.egrupos.net/albumPhoto/1384718/photo_21.jpg
Casa junto a la vía
http://imagecache2.allposters.com/IMAGES/MCG/PF701_a.jpg
Cine en Nueva York
http://www.posterspoint.com/laminas/mcg/h/H575.jpg
Habitación en Nueva York
http://www.blacksunpress.com/hopper-edward-room-in-new-york.jpg
Hall de hotel
http://www.artchive.com/artchive/h/hopper/hopper_hotel_lobby.jpg
Oficina de noche
http://elnido.ech.es/N25/ilustraciones/office.jpg
Tren
http://www.nga.gov/press/exh/229/assets/thumbnails/229-004.jpg
Ventanas en la nochehttps://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiV0IdI7EgSAiolczZGR2jMwdIY4y6JU-IyQdpIul_parK0WKtz-fT9DlJYzh6dIyWHQuUy2nKMT6CgyWqlwps5R6p9oF4SooaAhTzr7TJ81zTq7Dp1omqS8nW_JYXLjX8z-RhbJsGgzxk/s1600-h/Ventanas+en+la+noche+1928+Edward+Hopper.jpg
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Habitación de hotel
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Gasolinera
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Casa junto a la vía
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Cine en Nueva York
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Habitación en Nueva York
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Hall de hotel
http://www.artchive.com/artchive/h/hopper/hopper_hotel_lobby.jpg
Oficina de noche
http://elnido.ech.es/N25/ilustraciones/office.jpg
Tren
http://www.nga.gov/press/exh/229/assets/thumbnails/229-004.jpg
Ventanas en la nochehttps://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiV0IdI7EgSAiolczZGR2jMwdIY4y6JU-IyQdpIul_parK0WKtz-fT9DlJYzh6dIyWHQuUy2nKMT6CgyWqlwps5R6p9oF4SooaAhTzr7TJ81zTq7Dp1omqS8nW_JYXLjX8z-RhbJsGgzxk/s1600-h/Ventanas+en+la+noche+1928+Edward+Hopper.jpg
NOCTÁMBULOS. EL GATO BAJO LA LLUVIA. ERNEST HEMINGWAY
EL GATO BAJO LA LLUVIA. ERNEST HEMINGWAY (1899-1961)
Sólo dos americanos paraban en el hotel. No conocían a ninguna de las personas que subían y bajaban por las escaleras hacia y desde sus habitaciones. La suya estaba en el segundo piso, frente al mar y al monumento de la guerra, en el jardín público de grandes palmeras y verdes bancos. Cuando hacía buen tiempo, no faltaba algún pintor con su caballete. A los artistas les gustaban aquellos árboles y los brillantes colores de los hoteles situados frente al mar. Los italianos venían de lejos para contemplar el monumento a la guerra, hecho de bronce que resplandecía bajo la lluvia. El agua se deslizaba por las palmeras y formaba charcos en los senderos de piedra. Las olas se rompían en una larga línea y el mar se retiraba de la playa, para regresar y volver a romperse bajo la lluvia. Los automóviles se alejaron de la plaza donde estaba el monumento. Del otro lado, a la entrada de un café, un mozo estaba contemplando el lugar ahora solitario. La dama americana lo observó todo desde la ventana. En el suelo, a la derecha, un gato se había acurrucado bajo uno de los bancos verdes. Trataba de achicarse todo lo posible para evitar las gotas de agua que caían a los lados de su refugio. El gato tenía que estar a la derecha. Tal vez pudiese acercarse protegida por los aleros. Mientras tanto, un paraguas se abrió detrás.
–Voy a buscar a ese gatito –dijo ella.
–Iré yo, si quieres –se ofreció su marido desde la cama.
–No, voy yo. El pobre minino se ha acurrucado bajo el banco para no mojarse ¡Pobrecito!
El hombre continuó leyendo, apoyado en dos almohadas, al pie de la cama.
–No te mojes –le advirtió.
La mujer bajó y el dueño del hotel se levantó y le hizo una reverencia cuando ella pasó delante de su oficina, que tenía el escritorio al fondo. El propietario era un hombre viejo y muy alto.
–Il piove –expresó la americana. El dueño del hotel le resultaba simpático.
–Sí, sí signora, brutto tempo. Es un tiempo muy malo.
Cuando la americana pasó frente a la oficina, el padrone se inclinó desde su escritorio. Ella experimentó una rara sensación. Se quedó detrás del escritorio, al fondo de la oscura habitación. A la mujer le gustaba. Le gustaba la seriedad con que recibía cualquier queja. Le gustaba su dignidad y su manera de servirla y de desempeñar su papel de hotelero. Le gustaba su rostro viejo y triste y sus manos grandes. Estaba pensando en aquello cuando abrió la puerta y asomó la cabeza. La lluvia había arreciado. Un hombre con un impermeable cruzó la plaza vacía y entró en el café. El gato tenía que estar a la derecha. Tal vez pudiese acercarse protegida por los aleros. Mientras tanto, un paraguas se abrió detrás. Era la sirvienta encargada de su habitación, mandada, sin duda, por el hotelero.
–No debe mojarse –dijo la muchacha en italiano, sonriendo.
Mientras la criada sostenía el paraguas a su lado, la americana marchó por el sendero de piedra hasta llegar al sitio indicado, bajo la ventana. El banco estaba allí, brillando bajo la lluvia, pero el gato se había ido. La mujer se sintió desilusionada. La criada la miró con curiosidad.
–Ha perduto qualque cosa, signora?
–Había un gato aquí –contestó la americana.
–¿Un gato? –Sí il gatto.
–¿Un gato? –la sirvienta se echó a reír – ¿Un gato? ¿Bajo la lluvia?
–Sí; se había refugiado en el banco –y después– ¡Oh! ¡Me gustaba tanto! Quería tener un gatito.
Cuando habló en inglés, la doncella se puso seria.
–Venga, signora. Tenemos que regresar. Si no, se mojará.
–Me lo imagino –dijo la extranjera.
Volvieron al hotel por el sendero de piedra. La muchacha se detuvo en la puerta para cerrar el paraguas. Cuando la americana pasó frente a la oficina, el padrone se inclinó desde su escritorio. Ella experimentó una rara sensación. El padrone la hacía sentirse muy pequeña y a la vez, importante. Tuvo la impresión de tener una gran importancia. Después de subir por la escalera, abrió la puerta de su cuarto. George seguía leyendo en la cama.
–¿Y el gato? –preguntó, abandonando la lectura.
–Se ha ido.
–¿Y donde puede haberse ido? –dijo él, descansando un poco la vista.
La mujer se sentó en la cama.
–¡Me gustaba tanto! No sé por qué lo quería tanto. Me gustaba ese pobre gatito. No debe resultar agradable ser un pobre minino bajo la lluvia.
George se puso a leer de nuevo. Su mujer se sentó frente al espejo del tocador y empezó a mirarse con el espejo de mano. Se estudió el perfil, primero de un lado y después del otro, y por último se fijó en la nuca y en el cuello.
–¿No te parece que me convendría dejarme crecer el pelo? –le preguntó, volviendo a mirarse de perfil.
George levantó la vista y vio la nuca de su mujer, rapada como la de un muchacho.
–A mí me gusta como está.
–¡Estoy cansada de llevarlo tan corto! Ya estoy harta de parecer siempre un muchacho.
George cambió de posición en la cama. No le había quitado la mirada de encima desde que ella empezó a hablar.
–¡Caramba! Si estás muy bonita – dijo.
La mujer dejó el espejo sobre el tocador y se fue a mirar por la ventana. Anochecía ya.
–Quisiera tener el pelo más largo, para poder hacerme moño. Estoy cansada de sentir la nuca desnuda cada vez que me la toco. Y también quisiera tener un gatito que se acostara en mi falda y ronroneara cuando yo lo acariciara.
–¿Sí? –dijo George.
–Y además, quiero comer en una mesa con velas y con mi propia vajilla. Y quiero que sea primavera y cepillarme el cabello frente al espejo, tener un gatito y algunos vestidos nuevos. Quisiera tener todo eso.
–¡Oh! ¿Por qué no te callas y lees algo? –dijo George, reanudando su lectura.
Su mujer miraba desde la ventana. Ya era de noche y todavía llovía a través de las palmeras.
–De todos modos, quiero un gato –dijo–. Quiero un gato. Quiero un gato. Ahora mismo. Si no puedo tener el pelo largo ni divertirme, por lo menos necesito un gato. George no la escuchaba. Estaba leyendo su libro. Desde la ventana, ella vio que la luz se había encendido en la plaza. Alguien llamó a la puerta
–Avanti –dijo George, mirando por encima del libro.
En la puerta estaba la sirvienta. Traía un gran gato de color de carey que pugnaba por zafarse de los brazos que lo sujetaban.
–Con permiso –dijo la muchacha– el padrone me encargó que trajera esto para la signora.
Sólo dos americanos paraban en el hotel. No conocían a ninguna de las personas que subían y bajaban por las escaleras hacia y desde sus habitaciones. La suya estaba en el segundo piso, frente al mar y al monumento de la guerra, en el jardín público de grandes palmeras y verdes bancos. Cuando hacía buen tiempo, no faltaba algún pintor con su caballete. A los artistas les gustaban aquellos árboles y los brillantes colores de los hoteles situados frente al mar. Los italianos venían de lejos para contemplar el monumento a la guerra, hecho de bronce que resplandecía bajo la lluvia. El agua se deslizaba por las palmeras y formaba charcos en los senderos de piedra. Las olas se rompían en una larga línea y el mar se retiraba de la playa, para regresar y volver a romperse bajo la lluvia. Los automóviles se alejaron de la plaza donde estaba el monumento. Del otro lado, a la entrada de un café, un mozo estaba contemplando el lugar ahora solitario. La dama americana lo observó todo desde la ventana. En el suelo, a la derecha, un gato se había acurrucado bajo uno de los bancos verdes. Trataba de achicarse todo lo posible para evitar las gotas de agua que caían a los lados de su refugio. El gato tenía que estar a la derecha. Tal vez pudiese acercarse protegida por los aleros. Mientras tanto, un paraguas se abrió detrás.
–Voy a buscar a ese gatito –dijo ella.
–Iré yo, si quieres –se ofreció su marido desde la cama.
–No, voy yo. El pobre minino se ha acurrucado bajo el banco para no mojarse ¡Pobrecito!
El hombre continuó leyendo, apoyado en dos almohadas, al pie de la cama.
–No te mojes –le advirtió.
La mujer bajó y el dueño del hotel se levantó y le hizo una reverencia cuando ella pasó delante de su oficina, que tenía el escritorio al fondo. El propietario era un hombre viejo y muy alto.
–Il piove –expresó la americana. El dueño del hotel le resultaba simpático.
–Sí, sí signora, brutto tempo. Es un tiempo muy malo.
Cuando la americana pasó frente a la oficina, el padrone se inclinó desde su escritorio. Ella experimentó una rara sensación. Se quedó detrás del escritorio, al fondo de la oscura habitación. A la mujer le gustaba. Le gustaba la seriedad con que recibía cualquier queja. Le gustaba su dignidad y su manera de servirla y de desempeñar su papel de hotelero. Le gustaba su rostro viejo y triste y sus manos grandes. Estaba pensando en aquello cuando abrió la puerta y asomó la cabeza. La lluvia había arreciado. Un hombre con un impermeable cruzó la plaza vacía y entró en el café. El gato tenía que estar a la derecha. Tal vez pudiese acercarse protegida por los aleros. Mientras tanto, un paraguas se abrió detrás. Era la sirvienta encargada de su habitación, mandada, sin duda, por el hotelero.
–No debe mojarse –dijo la muchacha en italiano, sonriendo.
Mientras la criada sostenía el paraguas a su lado, la americana marchó por el sendero de piedra hasta llegar al sitio indicado, bajo la ventana. El banco estaba allí, brillando bajo la lluvia, pero el gato se había ido. La mujer se sintió desilusionada. La criada la miró con curiosidad.
–Ha perduto qualque cosa, signora?
–Había un gato aquí –contestó la americana.
–¿Un gato? –Sí il gatto.
–¿Un gato? –la sirvienta se echó a reír – ¿Un gato? ¿Bajo la lluvia?
–Sí; se había refugiado en el banco –y después– ¡Oh! ¡Me gustaba tanto! Quería tener un gatito.
Cuando habló en inglés, la doncella se puso seria.
–Venga, signora. Tenemos que regresar. Si no, se mojará.
–Me lo imagino –dijo la extranjera.
Volvieron al hotel por el sendero de piedra. La muchacha se detuvo en la puerta para cerrar el paraguas. Cuando la americana pasó frente a la oficina, el padrone se inclinó desde su escritorio. Ella experimentó una rara sensación. El padrone la hacía sentirse muy pequeña y a la vez, importante. Tuvo la impresión de tener una gran importancia. Después de subir por la escalera, abrió la puerta de su cuarto. George seguía leyendo en la cama.
–¿Y el gato? –preguntó, abandonando la lectura.
–Se ha ido.
–¿Y donde puede haberse ido? –dijo él, descansando un poco la vista.
La mujer se sentó en la cama.
–¡Me gustaba tanto! No sé por qué lo quería tanto. Me gustaba ese pobre gatito. No debe resultar agradable ser un pobre minino bajo la lluvia.
George se puso a leer de nuevo. Su mujer se sentó frente al espejo del tocador y empezó a mirarse con el espejo de mano. Se estudió el perfil, primero de un lado y después del otro, y por último se fijó en la nuca y en el cuello.
–¿No te parece que me convendría dejarme crecer el pelo? –le preguntó, volviendo a mirarse de perfil.
George levantó la vista y vio la nuca de su mujer, rapada como la de un muchacho.
–A mí me gusta como está.
–¡Estoy cansada de llevarlo tan corto! Ya estoy harta de parecer siempre un muchacho.
George cambió de posición en la cama. No le había quitado la mirada de encima desde que ella empezó a hablar.
–¡Caramba! Si estás muy bonita – dijo.
La mujer dejó el espejo sobre el tocador y se fue a mirar por la ventana. Anochecía ya.
–Quisiera tener el pelo más largo, para poder hacerme moño. Estoy cansada de sentir la nuca desnuda cada vez que me la toco. Y también quisiera tener un gatito que se acostara en mi falda y ronroneara cuando yo lo acariciara.
–¿Sí? –dijo George.
–Y además, quiero comer en una mesa con velas y con mi propia vajilla. Y quiero que sea primavera y cepillarme el cabello frente al espejo, tener un gatito y algunos vestidos nuevos. Quisiera tener todo eso.
–¡Oh! ¿Por qué no te callas y lees algo? –dijo George, reanudando su lectura.
Su mujer miraba desde la ventana. Ya era de noche y todavía llovía a través de las palmeras.
–De todos modos, quiero un gato –dijo–. Quiero un gato. Quiero un gato. Ahora mismo. Si no puedo tener el pelo largo ni divertirme, por lo menos necesito un gato. George no la escuchaba. Estaba leyendo su libro. Desde la ventana, ella vio que la luz se había encendido en la plaza. Alguien llamó a la puerta
–Avanti –dijo George, mirando por encima del libro.
En la puerta estaba la sirvienta. Traía un gran gato de color de carey que pugnaba por zafarse de los brazos que lo sujetaban.
–Con permiso –dijo la muchacha– el padrone me encargó que trajera esto para la signora.
jueves, 24 de mayo de 2007
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BLOG del Departamento de Lengua Castellana IES SON FERRER: http://lcastellanaiessonferrer.blogspot.com/
Ministerio de Educación y cultura: http://www.mcu.es
Bibliotecas Públicas de España
Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas
Centro de Documentación Teatral. Guía Teatral
Patrimonio bibliográfico
Instituto Cervantes
Real Academia Española (Diccionarios, busca de datos, recursos, etc... Diccionario de autoridades; consultas lingüísticas sobre dudas, incorrecciones, etc...)
ISBN (Fondo editorial de libros publicados en España desde 1972) http://www.mcu.es/libro/CE/AgenISBN.html
Biblioteca Nacional (catálogo, horario, recursos...)
SGAE. Sociedad General de Autores de España
Información sobre Universidades de España
Más información sobre Universidades
Literatura virtual: http://palabravirtual.com
Literatura virtual: http://poesiavirtual.com
Literatura virtual: http://groups.msn.com/ENCUENTROINTERNACIONALVIRTUALDEPOESIA
Conselleria d'Educació Illes Balears: http://weib.caib.es
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martes, 22 de mayo de 2007
Errores ortográficos y morfosintácticos más frecuentes y códigos numéricos
DEPARTAMENTO DE LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA
ERRORES FRECUENTES EN EJERCICIOS DE EXPRESIÓN ESCRITA Y CÓDIGOS CORRESPONDIENTES
1 Acento incorrecto
Éso(1) es un arbol (1). Corrección: Eso es un árbol
2 Falta de grafía
El buelo(2) del abión(2). Corrección: El vuelo del avión
3 Error en signos de puntuación (coma, punto y coma, punto y seguido, punto y aparte)Camarero(3) por favor(3) un café. Corrección: Camarero, por favor, un café
4 Error en otros signos de puntuación (dos puntos, guiones, comillas...)
Y dijo (4) (4) ven aquí. Corrección: Y dijo: -Ven aquí.
5 Error en la concordancia
Un grupo de personas se manifestaron(5). Corrección: Un grupo de personas se manifestó
6 Incoherencia verbal
De repente, aparecía(6) el ladrón. Corrección: De repente, apareció el ladrón
Ayer ha sido(6) un día muy caluroso. Corrección: Ayer fue un día muy caluroso
7 Preposición incorrecta, conjunción incorrecta
Entró a(7) la casa. Corrección: Entró en casa
Está feliz, pero(7) contento. Corrección: Estáfeliz y contento
8 Palabra o expresión de significado impreciso
Dice muchas cosas(8) tontas. Corrección: Dice muchas tonterías
Es un chisme(8) muy complicado. Corrección: Es un aparato muy complicado
Le dijo(8) que cuantos años tenía y dijo(8) que dieciocho. Corrección:Le preguntó que cuantos años tenía y contestó que dieciocho
9 Palabra o expresión coloquial inadecuada
Tengo un cuadro muy guay(9). Corrección: Tengo un cuadro muy interesante (de gran calidad)
0 Incoherencia, contradicción
Guardo un secreto(0) que conocen muchas personas. Corrección:Guardo un secreto que no conoce nadie.
Los errores que el profesor marque con los códigos anteriormente señalados deben ser corregidos por el alumno de la siguiente manera:
-Palabra o frase incorrecta con su código de error
-Corrección de la palabra o frase.
-Entrega al profesor de las correcciones.
ERRORES FRECUENTES EN EJERCICIOS DE EXPRESIÓN ESCRITA Y CÓDIGOS CORRESPONDIENTES
1 Acento incorrecto
Éso(1) es un arbol (1). Corrección: Eso es un árbol
2 Falta de grafía
El buelo(2) del abión(2). Corrección: El vuelo del avión
3 Error en signos de puntuación (coma, punto y coma, punto y seguido, punto y aparte)Camarero(3) por favor(3) un café. Corrección: Camarero, por favor, un café
4 Error en otros signos de puntuación (dos puntos, guiones, comillas...)
Y dijo (4) (4) ven aquí. Corrección: Y dijo: -Ven aquí.
5 Error en la concordancia
Un grupo de personas se manifestaron(5). Corrección: Un grupo de personas se manifestó
6 Incoherencia verbal
De repente, aparecía(6) el ladrón. Corrección: De repente, apareció el ladrón
Ayer ha sido(6) un día muy caluroso. Corrección: Ayer fue un día muy caluroso
7 Preposición incorrecta, conjunción incorrecta
Entró a(7) la casa. Corrección: Entró en casa
Está feliz, pero(7) contento. Corrección: Estáfeliz y contento
8 Palabra o expresión de significado impreciso
Dice muchas cosas(8) tontas. Corrección: Dice muchas tonterías
Es un chisme(8) muy complicado. Corrección: Es un aparato muy complicado
Le dijo(8) que cuantos años tenía y dijo(8) que dieciocho. Corrección:Le preguntó que cuantos años tenía y contestó que dieciocho
9 Palabra o expresión coloquial inadecuada
Tengo un cuadro muy guay(9). Corrección: Tengo un cuadro muy interesante (de gran calidad)
0 Incoherencia, contradicción
Guardo un secreto(0) que conocen muchas personas. Corrección:Guardo un secreto que no conoce nadie.
Los errores que el profesor marque con los códigos anteriormente señalados deben ser corregidos por el alumno de la siguiente manera:
-Palabra o frase incorrecta con su código de error
-Corrección de la palabra o frase.
-Entrega al profesor de las correcciones.
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